Contaminación sonora
Once de la noche. Una congregación
religiosa reunida ante unos parlantes en un lugar de Trujillo. El pastor habla sin
cesar, los vecinos de la zona no pueden dormir. En otro punto de la ciudad,
decenas de personas están atormentadas en sus casas por la música estridente
que se filtra de al lado. Amanece y se oye el sonido de un taladro de una
construcción cercana. Trujillo es devorado así por el ruido.
Esta es parte
de la contaminación sonora que padece la población. Tiene diversas formas, pero
el denominador común es que puede dañar a las personas física y
psicológicamente.
La
contaminación acústica no solo es altamente dañina para el ser humano, sino que
también lo es para el medio ambiente. El exceso de ruido, junto a la radiación
y los productos químicos orgánicos e inorgánicos de las grandes ciudades, es un
problema que los animales y las plantas padecen en simbiosis con los habitantes
que lo provocan.
La
contaminación por el ruido de la maquinaria industrial, los aviones o el
tránsito excesivo de vehículos hace que las aves y los pájaros cambien el
esquema de su comportamiento, migración e incluso alimentación. Es más, se ha
comprobado que la tempestad acústica causada por el ser humano, ha llegado a
inquietar e incluso extinguir muchas especies de aves. Asimismo, el ruido de
las ondas sónicas generadas por los vuelos comerciales y los barcos
exploradores sigue siendo un puñal para la reproducción de algunas especies.
Por Stefano Murrugarra

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