miércoles, 26 de octubre de 2016

Contaminación sonora


Once de la noche. Una congregación religiosa reunida ante unos parlantes en un lugar de Trujillo. El pastor habla sin cesar, los vecinos de la zona no pueden dormir. En otro punto de la ciudad, decenas de personas están atormentadas en sus casas por la música estridente que se filtra de al lado. Amanece y se oye el sonido de un taladro de una construcción cercana. Trujillo es devorado así por el ruido.

Esta es parte de la contaminación sonora que padece la población. Tiene diversas formas, pero el denominador común es que puede dañar a las personas física y psicológicamente.

La contaminación acústica no solo es altamente dañina para el ser humano, sino que también lo es para el medio ambiente. El exceso de ruido, junto a la radiación y los productos químicos orgánicos e inorgánicos de las grandes ciudades, es un problema que los animales y las plantas padecen en simbiosis con los habitantes que lo provocan.

La contaminación por el ruido de la maquinaria industrial, los aviones o el tránsito excesivo de vehículos hace que las aves y los pájaros cambien el esquema de su comportamiento, migración e incluso alimentación. Es más, se ha comprobado que la tempestad acústica causada por el ser humano, ha llegado a inquietar e incluso extinguir muchas especies de aves. Asimismo, el ruido de las ondas sónicas generadas por los vuelos comerciales y los barcos exploradores sigue siendo un puñal para la reproducción de algunas especies.

Por Stefano Murrugarra

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